EN PELOTA PICADA

Hoy he pasado de la sala de fitness y he decidido bajar a la piscina. Hay que reconocer que se trata de una instalación magnifica, una piscina de cincuenta metros, dos piscinas pequeñas para hacer  aiguagyn, aiguaxtrem, aiguadynamic y así una lista interminables de aiguas, por tener tienen hasta aiguazumba. La zona de spa  tiene saunas y un jacuzzi enorme, además toda la instalación esta climatizada y recién estrenada.

Pero la piscina es muy dura, y no por el ejercicio que haces. El problema grave es que en la piscina vas practicante  en pelota picada. Contrariamente que en la sala de fitness, no tienes una camiseta ancha donde  ocultar la barriga cervecera y los michelines. En la piscina como mucho  llevas un ridículo gorro de goma en la cabeza, que pareces un espermatozoide. La toalla por los hombros, un bañador y unas chanclas en los pies. Dicen que mal de muchos consuelo de tontos, pero la realidad es que en la piscina, te das cuentas que la PV hace estragos. Si hombre, cuando digo la PV, me refiero a la puta vejez.  Esa época de la vida, que cuando llegas estas totalmente ajamonado o amojamado, o sea gordo como los cerdos o disecado como las momias. La cabeza totalmente ida, los bajos con incontinencias  y de las articulaciones ni hablamos, cuando no te duele la cadera,  es la rodilla. Pero bueno lo importante es llegar de la forma más digna, aunque ni el cuerpo, ni el esqueleto estén para farolillos.

natacion-mayores-j10-1024x597El caso es que cuando vas caminando por el borde de la piscina, te vas fijando en el personal y te das cuentas que todo aquel que ha superado los cuarenta y tantos, ya tiene cosas que ocultar o disimular. Ves al grupo de “ chicas “ haciendo aiguagyn, ¡¡ tiene guasa, la monitora ¡! las llama chicas… os prometo que la edad media del grupo supera de largo  los setenta y cinco años.  Eso sí, tienen una voluntad de hierro, ellas por ir a la piscina y hacer aguagym, la monitora por intentar que le sigan el ritmo.

De pronto, te percatas que de frente te viene el típico tío con un panzón desbordado, el gorro de goma encastrado hasta las cejas y las orejas de soplillo. Tú, metes pancha y dejas de respirar hasta que te cruzas con él, la autoestima te dice al oído    “ ese,  está peor que tu”.  Los dos primeros largos bien, la cosa empieza a ir un poco peor cuando vas por el cuarto y a mitad de piscina, tragas agua. A duras penas llegas hasta el final, agotado y medio ahogado, te apoyas en el borde y descansas. Como te has metido en la calle  que indicaba “ carril lento”,  cuando  estas nadando no paras de cruzarte con señoras y señores, gordos, corpulentos, que   apenas te dejan  espacio para pasar entre ellos y las boyas.  Es como hacer deporte de alto riesgo, siempre terminas recibiendo algún manotazo, alguna patada. Ya ni me acuerdo cuando nadaba en el carril de la derecha, ese que pone “ carril rápido”, allí solo nadan sirenas y tritones con cuerpos diez.ientras descanso y termino de sacar los dos litros de agua que he tragado, me fijo en los críos que hacen el cursillo en la primera calle. Deben andar por los cinco o seis años y observándolos en la cola que hacen para tirarse a la piscina, ya te das cuenta que clase de personas serán.

piscinasEsta el típico crio que se tira sin miedo y siempre quiere ser el primero de la fila, también esta el pequeñajo de la clase, temblando de miedo o de frio y que va dejando pasar a sus compañeros hasta que lo obligan a tirarse al agua. La niña tranquila que va de rosa y habla con la compañera, una cría competitiva que quiere ser también la primera en tirarse al agua. Por último esta el niño hiperactivo, ese que usa el churro de nadar, como un látigo y va soltando    “ churrazos”  a diestro y siniestro.

Dos largos más y me voy la zona de spa, a la sauna no entro porque me da miedo que me de un mareo y me tengan que sacar los socorristas A las duchas de agua fría, les tengo pánico, no vaya a ser que con la impresión me de otro infarto. Por lo que termino en el jacuzzi, relajante y confortable hasta que alguien te roza el pie. Te mosqueas un montón , miras al personal, un par de tíos como tu y tres señoras del grupo de las “ chicas”. Intentas relajarte, pensando  que habrá sido sin querer, pero la realidad es que tienes la mosca tras la oreja.

Si señor,  la piscina esta muy bien si no fuera porque como te descuides hasta te puedes ahogar. Entre manotazos, patadas, roces, y mosqueos, la realidad es que pasas la mañana sufriendo. ¡¡ Y mira  que podría ser el lugar perfecto para recuperarte del estrés,  que tiene esto de ser un  jubilado!!. Por último, quiero dar las gracias al gobierno, hoy me ha llegado la carta donde me comunican que me han subido un 0,25 %  la pensión , la realidad es que nos quejamos sin razón. Estoy pensando que con lo que ahorre este año, igual me abro una cuenta en un banco suizo, para codearme con Bárcenas o con Pújol.

Barcelona, 30 enero 2017

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LA CUESTA DE ENERO

¿Donde ha quedado la Navidad?, apenas un recuerdo. Las calles iluminadas, los villancicos, las cabalgatas, los turrones y las comilonas. Bueno esto último más que un recuerdo, es una tortura que sufres cada mañana cuando en la intimidad de tu cuarto de aseo, en pelota picada, intentas pesarte, confiando que la báscula marque algún que otro gramo de menos.

¡¡ Por favor!! Que alguien me explique, por que antes las agujas de las básculas de toda la vida, marcaban entre 87 y 88 kilos, el resto dependía de tu propio criterio. ¡¡ Ahora no!!!, ahora las basculas digitales te marcan   hasta los gramos, ochenta y siete con setecientos gramos. Y yo me pregunto ¿  es necesario saber con tanta exactitud,  que estas más cerca de los 88 que de los 87?. ¡¡ Tremendo calvario, lo de engordar ¡!

Pero bueno, antes o después te tienes que enfrentar a la realidad y esta no es más ni menos que el frío invierno ha llegado y con él,  la cruel cuesta de enero, febrero y algún que otro mes.  Asumir las rebajas de los grandes almacenes y las subidas de los precios de todo lo demás. Agua, luz, gas, transporte público, y un largo etc. Sigues pesandote por las mañana y ves que no hay forma, pero como también te ha llegado la notificación del gimnasio del barrio, donde te informan que la cuota ha subido. El remordimiento te corroe, recuerdas que hace más de tres meses que no pisas las instalaciones del gimnasio. En un ataque de locura temporal, sufres un subidón de orgullo mezclado con una fuerte dosis de rabia, rencor y soberbia. De pronto, sin esperarlo, prácticamente a traición, después de pesarte una vez más , tu  autoestima decide por su cuenta que mañana volverás al gimnasio.

En recepción apenas te saludan, ya nadie se acuerda de ti. Mientras te cambias, vas mirando de reojo al resto del personal. Alguna cara nueva, pero por lo general ves al mismo personal que veías hace tres meses, eso sí, todos tienen algún kilo de más como tú. Para que no te pase lo mismo, que te paso el año pasado “ llevaste colgando la etiqueta de DECATHLON,  durante tres semanas”.  Este año te aseguras de arrancar las etiquetas de la camiseta y de la malla técnica, regalos de reyes de tus hijas y de tus yernos.

18797526-gente-hombre-atl-tico-entrenamiento-gimnasio-body-building-formaci-n-saludable-ejercicio-gimnasio-s-foto-de-archivoSales del vestuario cargado de energía positiva, y te diriges a la sala de fitness, ¡¡ ah perdona, que nos sabes que es la sala de fitness!! Pues yo te lo explico, ahora ya no vas a un gimnasio, ahora uno va al fitness center, donde hay una sala llena de máquinas, que se llama sala de fitness, y ni se te ocurra  decirle al encargado de la sala que tú lo que quieres es pedalear, o correr un poco  en la cinta. Que sepas, que para que nadie te mire raro, lo primero que tienes que hacer, es preguntar por el staff trainer. Cuando te lo presentan, le tienes que decir que tu vienes a hacer un poco de  spinning o running. Porque correr en la cinta o pedalear en una bicicleta estática  ya esta muy pasado de moda.

Amablemente el staff trainer, como te ve mayor y con barriga, te manda directamente a la zona de cardio. …. ¡¡ Noooo, no es la U.C.I. ¡! La zona de Cardio, es donde están las bicicletas estáticas, las cintas y una maquina muy chula que se llama : la  elíptica. Te subes a la elíptica, que es lo que te ha recomendado el staff trainer y empiezas a pedalear.  A los cinco minutos, notas que quizás esa autoestima que tienes revuelta desde el día anterior, ha puesto demasiado resistencia a la máquina y bajas del ocho al cinco. A los diez minutos, las piernas te pesan como si fueran de mármol, pegas una mirada a derecha e izquierda y de una forma muy digna, bajas la resistencia del cinco al tres, con la convicción de que los diez minutos restantes  que te quedan para completar el ejercicio, seguro que los vas a superar como todo un campeón. Te bajas de la máquina, sudando como un cerdo,  con la respiración entrecortada, las pantorrillas doloridas,  y con escalofríos en el resto de tu cuerpo. Caminas hasta el aseo y cuando cierras la puerta tras de ti, casi te desplomas. Orinas, bebes agua, te miras al espejo (la cara la tienes desencajada y de color amaríllo ) esperas unos minutos , respiras profundo  y una vez que a tu cara le ha vuelto el color,  sales del aseo como un hombre nuevo.

Cruzas la sala y empiezas a ver a ese chaval que parece un armario ropero, levantando pesas como si fueran de mantequilla, no sabes muy bien porque pero a ese chaval, le estas empezando a coger manía . Un poco más allá esta la morena de la coleta haciendo flexiones, cada día tiene el culo más duro y las tetas más respingonas. Tú sigues animado, cansado pero animado y llegas hasta las cintas de correr. Poco a poco coges un ritmo elevado y cuando ya casi consigues correr, la rodilla te da un grujido y como el que no quiere la cosa te limitas a caminar a paso ligero. Las cintas continuas a la tuya, están ocupadas por dos damas mayores, bueno más o menos de tu misma edad. Como no paran de hablar y tu estas aburrido de caminar sin ir a ningún sitio, afinas el oído y te enteras que están criticando a sus vecinas, y a una señora que esta en una cinta más allá. Murmuran y echan peste de sus maridos, y terminan enumerando de uno en uno todos los dolores que sufren y de lo bien que les va venir al gimnasio.  Caminar sobre la cinta, no caminaban muy ligeras, pero a la sin hueso la hacían trabajar a un ritmo vertiginoso.

Para que mis oídos descansen un rato, me he ido hasta la zona de bicicletas estáticas. Esta vez  consciente de mis limitaciones post vacaciones navideñas, he pedaleado a un ritmo bajo pero constante. En las bicis siempre coincido con los yayos, un grupo de señores que rondan entre los setenta y ochenta años de edad. Yo los tengo divididos en dos cuadrillas, los catalanes y los españoles parlantes. Los catalanes parlantes, hablan de los penaltis que pintan en la liga contra el Barça, de la calidad de Messi, de la chulería de Ronaldo. De la independencia, de lo “ burro” que es Rajoy  y de lo que España nos roba.

Los españoles parlantes, hablan de las pensiones, de los nietos, hacen chistes machistas sobre mujeres y cuentan que antes….. todo era mejor. En lo que si coinciden los dos grupos, es cuando hablan de sus hijos. Todos ellos cuentan con el máximo detalle, las magníficas casas que tienen sus hijos en la costa, los lujosos coches que usan y los trabajos bien remunerados que tienen. Supongo que si tu hijo no es ingeniero, arquitecto, o director de banca, te quedas en casa viendo el programa de Ana Rosa en Antena Tres.

De regreso a casa, me siento feliz, me  noto más ágil, menos pesado, seguro que he perdido  doscientos o trescientos gramos. Mentalmente calculo que a ese ritmo, en un par de meses conseguiré  bajar  dos o tres quilos y que para cuando llegue el veranito ya estaré en forma.  Ya lo decían las antiguas civilizaciones “MENS SANA IN CORPORE SANO”” . Abro la nevera, pico un poco de queso, me como una croqueta que sobro anoche, cojo una lata de Coca Cola Zero que no engorda y me pongo a leer un libro.  Esto de estar jubilado tampoco es tan malo, igual mañana vuelvo a ir al fitness center, oh no.

 

Barcelona, enero 2017

Jose Mª Fdez. Gallardo

 

 

 

 

CUENTO DE NAVIDAD 2016

Cuando yo era un niño de cinco o seis años, El Corte Ingles no era el primer lugar donde llegaba la navidad.  Cuando yo era un chiquillo, el primer lugar donde llegaba la Navidad era la cocina de mi casa. El día trece de Diciembre, es Santa Lucía, la patrona de las modistas. Ese día mi madre, como buena modista que era, para celebrar el día de su patrona no trabajaba en el cuarto de la costura y aprovechaba para entrar por la tarde a la cocina.

Jamás se me borrara la imagen de mis padres, ataviados con delantales blancos, amasando la mezcla de harina , huevos y aceite, para cocinar los borrachuelos de miel y las rosquillas de anís. Mi padre de pinche, mi madre de chef. Entre los dos conseguían que aquella masa, no solo se impregnara con el aroma del limón rallado y la canela en rama. Aquellos dulces no solo quedaban recubiertos de miel y bolas de anís. Aquellas delicias que toda la familia consumía en desayunos, sobremesas y meriendas durante todas las fiestas, en esencia quedaban impregnadas del espíritu navideño, del amor, de la ilusión y de la magia, con la que mis padres las amasaban, cocinaban y apilaban  en enormes lebrillos de barro, cubiertos por trapos blancos de algodón. Aquellas golosinas eran realmente, uno de los pocos lujos que disfrutábamos en las navidades de mi infancia.

Mi padre instalaba un enorme Belén, en la radio sonaban villancicos y el veintidós se escuchaba a los niños de San Ildefonso cantar los números de la lotería, hasta que salía el gordo. Los días pasaban entre el continuo ir y venir de tíos, primos y amigos cercanos. La inesperada visita de algún familiar lejano, la invitación ocasional de algún transeúnte extraviado, o la acogida del mendigo de turno. Por todas esas circunstancias que se repetían año tras año, las cenas de Nochebuena en mi casa siempre fueron multitudinarias.

Sopa de gallina, pollo asado y de postre:  borrachuelos, polvorones y turrones. Las risas de los adultos remojadas entre licores, los gritos alegres de los niños cantando villancicos al ritmo de zambombas y panderetas, hacían que el resopón fuera eterno y solo el sueño de los niños, el cansancio de los mayores y las primeras luces del alba, conseguían que cada cual volviera a su domicilio. Por descontado que en mi casa dormían todos aquellos que se encontraran lejos de su hogar.

reyes-magos-de-orienteUna vez pasado Nochevieja, empezaban los nervios. En el cuarto de costuras, alrededor de la mesa camilla, al calor del brasero, escribíamos una y mil veces la carta a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Animados por mis padres, las cartas debían ser escritas cada vez con mejor letra. Por nuestra parte, cada vez con más regalos incluidos. Si queríamos que nuestras cartas llegaran a sus Majestades, teníamos que cumplir dos requisitos indispensables. El primero era entregarlas a los carteros reales que ya estaban en los grandes almacenes como Sepu o El Aguila. El segundo requisito era sobre todo portarnos muy bien, porque de lo contrario los Reyes Magos te dejaban carbón.

Con la emoción contenida, el corazón en un puño y la ilusión desbordada, después de la cabalgata corríamos hasta casa para cenar e irnos a la cama lo antes posible. Que difícil era conciliar el sueño esa noche, por eso Morfeo siempre me encontraba con la cabeza tapada, los nervios a flor de piel y los dedos cruzados para que no me dejaran carbón. Poco a  poco y con el paso del tiempo los Reyes Magos me fueron trayendo  todo aquello que pedíamos en nuestras interminables cartas. Espadas de maderas y pistolas , el fortín del séptimo de caballería, indios y cowboys, un Mecano, el Juego reunidos Geyper, balones de fútbol, raquetas de tenis. Con trece años me trajeron una bicicleta Orbea, creo recordar que la bicicleta fue mi último regalo, aquella noche mi hermano y yo, que compartíamos regalo,   fuimos con los Reyes Magos a buscar la bicicleta a casa del vecino.  Por cierto, nunca me trajeron carbón.

Un veintiséis de diciembre de hace cuarenta y cinco años, conocí a Mercedes y con ella descubrí otra forma de celebrar la Navidad. Yo me fui incorporando a sus tradiciones, descubrí al cagane y el caga Tío, averigüe que contrariamente a mi casa, ellos celebraban las fiestas en la intimidad. Su familia apenas celebraba la Nochebuena, pero el veinticinco de diciembre  era el gran día. Se sabía que a las dos de la tarde te sentabas a la mesa, pero nunca sabias a que hora te ibas a levantar.

Almejas, berberechos, langostinos, embutidos, quesos, pates y toda clase de exquisiteces que por aquel entonces en mi casa no se comían. Sopa de Galets, canelones y pavo. De postre:  turrones y neulas. La comida se juntaba con la merienda y la merienda con la cena. Algunos años a mitad de la tarde, se incorporaban a la fiesta el tio Francisco, la Pita y los dos niños, lo cual  daba un poco más calíu a la fiesta. Pero no se cantaban villancicos, al son de las zambombas y las panderetas.  Como mucho cuando llegaron nuestras hijas y los hijos de mis cuñados,  los niños puestos en pie sobre la sillas uno a uno recitaban los  poemas de Nadal y el avi  Felix les daba el aguinaldo.

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Hace ya varios años,  que nuestras tradiciones  se han ido modificando. La Nochebuena la celebramos en casa de mi hermana Maribel y hace tiempo que el Belén fue reemplazado por el árbol de Navidad, los borrachuelos han sido sustituidos por las neulas recubiertas de chocolate.   A las doce de la noche  Papa Noel y sus renos, visitan nuestras casas, trayendo tantos regalos o más que Melchor, Gaspar o Baltasar. Apenas cantamos villancicos y cuando lo hacemos mezclamos las campanas sobre campanas con del fum, fum, fum. El día de Navidad lo celebramos en mi casa, el número de comensales se ha reducido a los familiares más cercanos y la fiesta llega a su fin cuando mis nietos tienen que volver a Tarragona, para hacer cagar al Tió en Rodonya.

Hemos llevado a mis hijas y a mis sobrinos a la cabalgata de los Reyes durante muchos años, mientras eran bebes sobre los hombros y después ordenados por estatura sobre los peldaños de la escalera de aluminio que cada año trasladaba desde mi casa hasta la Cabalgata Real. Deje de hacerlo el día que me di cuenta  que el único que estaba subido a la escalera era yo, porque  casi todos ellos me sobrepasaban en altura. En la vigilia de reyes he hinchado globos de colores, hasta marearme por falta de aire en los pulmones  y durante más de una década he disfrutado del placer de poder ver las caras de mis hijas cuando descubrían el comedor lleno de globos y un montón de regalos por abrir.

De siempre,  hemos intentado infundir  en nuestra familia ese espíritu navideño, que tanto nos gusta a los dos. Mantener la magia y la ilusión de estas fiestas y transmitir a nuestros hijos, a nuestros nietos,  aquellas  tradiciones que heredamos. Seguro que en estos tiempos difíciles de crisis, de paro, de pobreza energética, no puede ser algo tan malo. Parece que en esta sociedad moderna en la que vivimos en la actualidad , solo tengan cabida las nuevas tecnologías, el diseño, lo innovador. Se impone con un asombroso dominio, lo novedoso, lo actual, lo inmediato y ya no hay espacio para lo tradicional.

Pero yo soy de esos tipos raros,  a los que le gusta tanto una hamburguesa de McDonald’s, como un bocata de chorizo. Me maravilla  el cine en 3D, pero me siguen apasionando las películas en blanco y negro. Me encanta el Donuts, pero me pirran los churros con chocolate. Facebook me tiene enganchado, pero tengo un blog que uso a modo de diario personal. Leer un libro electrónico esta muy bien, pero pasar una a una las páginas de papel en un libro es un gesto que roza la ternura de una caricia a un niño.

Me niego a creer que esta sociedad digital, no sepa valorar todo aquello que es único e irrepetible, cosas hechas por las manos de un artesano, cosas hechas con el talento de un artista en cualquiera de sus especialidades. No puedo creer que la  (ciber)cultural  y lo virtual desplace lo tradicional, por esta razón aquí tenéis este escrito con el que quiero reivindicar ” LO TRADICIONAL” con letras mayúsculas.

Si la Sra. Alcaldesa  de Barcelona, este año se ha cargado a los Reyes Magos de su Belén, yo   no voy a mandar mi lista de  deseos a Papa Noel,  como vengo haciendo los últimos años, sobre todo porque es de un país nórdico, con mucha pasta y con una tasa de paro muy baja. Este año voy a mandársela a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, que aunque se que la cosa por allí esta muy chunga, ellos son mágicos y siempre han sido más tradicionales. Ya os pasare copia de la carta,  para que le podáis echar un vistazo.

Feliz  fin de año y que 2017 sea menos duro. Os deseo a todos salud, trabajo y amor.

Barcelona, 28 diciembre 2016

Un jubilado tradicional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BELÉN DE LA COLAU

EL BELÉN DE LA COLAU

 

Ya está aquí, fiel a su cita anual, la navidad ha llegado. Esa  navidad  tan odiada para unos, tan añorada por otros. Hay personas que tienen verdadera aversión a estas fiestas, las aborrecen. Las tildan de casposas, ñoñas y solo ven en ellas una oportunidad más del cruel  capitalismo que aprovecha la  navidad,  para invadir nuestras vidas de puro consumismo.  En cambio yo soy del otro grupo de personas, de esas que aman la navidad. Para mí la navidad  no deja de ser un excusa para sentirme mejor. Ver como mi entorno  se ilusiona con los preparativos de las comidas  familiares, los enigmas del amigo invisible, o la compra de regalos, me hace sentirme feliz.  Y los momentos felices tampoco son tantos  durante el año, como para  ir despreciándolos.

Como ya viene siendo tradición, el sábado pasado Mercedes y yo, decidimos  bajar hasta el centro para echar un vistazo, a la iluminación de la ciudad y ver el pesebre de la plaza San Jaime.  Sobre la iluminación, no es el primer año que lo digo, pero a mí personalmente ese tono azulado de las lámparas led, le dan un tono gris y pobre al adorno navideño de las calles. Supongo que la iluminación actual, estará diseñada con acorde a los ánimos de la vía  pública, donde la crisis sigue marcando el paso triste a ras de calle. Donde el paro, la desigualdad y la pobreza energética, marca el camino de nuestros destinos, todavía tan alejados  de otros tiempos pasados, donde relucían bombillas rojas, verdes y amarillas.

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Pobre Ramblas de Barcelona, ¿ quien te ha visto y quien te ve?. Una iluminación tan pobre y tan escasa que apenas la distingues y cuando te percatas de que va la cosa, todavía hechas más de menos aquellos puestos de mascotas,  que ayudaron a muchos niños urbanistas como yo, a descubrir que existían diversas especies de tortugas, peces de colores y exóticos pájaros de plumajes multicolores. Perros, gatos y toda clase de animales domésticos. ¡¡ Si,  estaban enjaulados y posiblemente sufrían estrés!!, pero yo los miraba con los ojos muy abiertos y preguntaba con asombro a mi padre,  los nombres de aquellos pájaros de pico curvado.

Es muy triste y lamentable ver las Ramblas en la actualidad. Convertidas en un gran muestrario de  “souvenirs “ cutres para los turistas. Yo me pregunto ¿ Esto en modernidad, o quizás se trata de eso que llaman diseño ?,  ¡¡ De pronto tu pituitaria reconoce un olor inconfundible!! Huele a otros tiempos, a tradición,  huele a castañas asadas. Efectivamente, allí esta, donde siempre. El puesto de castañas asadas esta donde hace  cuarenta o cincuenta años estaba. Ramblas esquina  Puertaferrisa. El cucurucho de papel de periódico  quizás ya no es tan grande, tampoco vale un duro, pero si pagas  seis euros, puedes calentar tus bolsillos y comerte un trozo de tradición.

Camino a la Plaza San Jaime, recorres Petrixoll y te encuentras con el mismo panorama. Por no se que ley del universo, bueno si que lo sé, es por culpa de una epidemia que se llama incultura pictórica y en este país la sufrimos cada vez con más intensidad, la mayoría de galerías de arte que existían en Petrixoll, se han convertido en tiendas de “ souvenir “ . Afortunadamente todavía puedes visitar un icono del arte en Cataluña como es la Sala Pares. Igual que en Ramblas, los olores y las largas colas te pueden llevar hasta las puertas de la  xocolateria “ La Pallaresa”  o la de “ La Granja Dulcinea”, y degustar  otro poco de las tradiciones más dulces de Cataluña, un suizo con melindros.

images-1Plaza del pino, Banys nous, carre del Call y Plaza San Jaime, aquí lo tenemos. El pesebre de la Colau.  Una vuelta, dos vueltas y te paras. La primera impresión es rara, poco a poco intentas entender que se trata de un pesebre   moderno, actual. Según he leído en la prensa, realmente se trata de una instalación artística, que recrea un poema  del gran poeta  Josep Vicenç Foix y se titula “ Ho sap tothom,  i es profecía”.  El belén, está compuesto por nueve esferas transparentes. Cada una representa, una de las nueve estrofas de las que costa el poema de J.V. Foix. Yo entiendo que nuestra Alcaldesa es una mujer joven, revolucionaría. Una activista social , que quiere para su ciudad lo mejor. Que su corazón antiglobalización, le dicta  todo aquello que se aleja de lo casposo y de lo tradicional. Que su alma innovadora, la guía hacía las nuevas tendencias sociales , pero mi pregunta Sra. Colau es la siguiente: ¿ Es necesario cargarse a  los tres reyes Magos?. ¿ A quien le voy a escribir este año la carta ?. Ya estamos otra vez, donde nuestra alcaldesa ve la representación tirana de la monarquía, yo solo veo magia e ilusión. Donde el ayuntamiento  hace un despliegue de diseño, modernidad e innovación, yo echo en falta algo de tradición.

Ya solo me queda añadir una última cosa, esta sociedad actual en la que vivimos, en pos de la    modernidad, del diseño y de la innovación , esta perdiendo valores  como la educación, el respeto, el civismo . Hablando de civismo y modernidad,  señora alcaldesa, el belén de este año no me parece  tan mal. Lo que encuentro caduco, añejo y casposo, es el cordón que rodea a la instalación artística, haciendo que los vecinos de esta ciudad, solo puedan dar vueltas alrededor del belén, como si fuéramos el burro que gira alrededor de la noria. A mí,  su cordón  me recuerda  el que rodeaba los parques de la dictadura, con el cartelito de rigor  “ por orden de la autoridad competente, esta prohibido pisar el cesped “.

Sra. Alcaldesa, si quiere modernidad, diseño e innovación de verdad, retire el cordón y despliegue las nueve esferas por la Plaza San Jaime. Que nuestros hijos y nietos, puedan tocar con sus manos y pegar sus naricillas a las esferas. Seguro que dejaran sobre ellas, restos de mocos, babas y chocolate, nada que no puedan arreglar los servicios de limpieza de esta ciudad. Pero le aseguro que cuando esos niños crezcan y sean adultos, serán unas personas más cultas, más cívicas, más educadas, y más libres. Porque nadie les prohibio cuando eran pequeños,  acercarse  a una instalación artística. El arte, como la tradición tiene que ser tangible. Tocarlo, saborearlo, disfrutarlo, y amarlo desde pequeño. Sra. Alcaldesa, como dice el poeta, “ i no es fa pa sense el llevat; a cal fuster hi ja novetat”

Barcelona, diciembre 2016

Bon Nadal

EL ÚNICO VARON

 

Dicen que perder un hijo, es el peor de los sufrimientos que pueden padecer unos padres.  Y yo lo creo, por eso cuando te vas haciendo mayor y recuerdas vivencias del pasado, empiezas a entender algunas de las circunstancias que cuando eres un niño te extrañan, pero lógicamente tampoco les das mucha importancia.

Mi tío Manolo sufrió esta desgracia, por un error médico perdió a su hijo menor. Juanito  era su segundo hijo, un niño de siete años, sano, feliz y lleno de vida. Desde ese instante aunque el matrimonio tenía una hija algo mayor que Juanito, mi prima Maru que era una mujer  bellisima, sus progenitores perdieron el norte. Mi tía Eduarda cayó en una depresión de la que nunca salió y el corazón de Manolo se inundó de rabia, rencor y odio, contra aquel maldito médico y contra el resto de la humanidad. El tiempo fue calmando la rabia, el odio y hasta el rencor, pero su corazón jamás dejo de sufrir la perdida de Juanito.

Cada primavera, como las últimas golondrinas, cuando los calores africanos llegaban a Málaga,  mi tío Manolo viajaba hasta la Ciudad Condal.  Era el único hijo varón de mi abuela María y aprovechaba la excusa del tiempo para visitarla por lo menos una vez al año y así poderle rendir pleitesía . Durante uno o dos meses, mi tío Manolo y mi tía Eduarda vivían en mi casa, en la casa de mis padres.

Vivir en mi casa representaba, disfrutar de la brisa del Muelle de Sant Beltran,  gozar la compañía de su madre, saborear la comida de su hermana Emilia, deleitarse con la hospitalidad de su cuñado Pepe. Por el contrario tenía que sufrir las “modas”  de dos adolescentes, que escuchaban música  estridente en otros idiomas y las travesuras de dos niños de nueve y seis años, que gritaban y reían todo el día a pleno pulmón.

Pero mi tío Manolo era un hombre duro, un hombre osco y gruñón, acostumbrado a mandar y a que los demás le obedecieran.  Con el consentimiento de mi padre y “ abusando “ de su hospitalidad, en dos días cogía las riendas de la casa y convertía la república independiente de mi casa en una dictadura. Imponiendo a todos los moradores una espartana y férrea disciplina militar.

¡!Niño!!  Deja de joder con la pelota,

¡!Niño!! eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca.

seat600

Como el viaje de Málaga a Barcelona era una labor ardua, el Seat 6OO de mi tío llegaba a su destino con un palier roto y varios manguitos del radiador perdiendo agua. Por lo que antes o después acabábamos en la Ciudad Meridiana para que mi tío Cayetano reparara el coche y lo dejara en perfecto estado para el viaje de vuelta.  Cayetano era mecánico y tenía manos de cirujano para la mecánica.

¿ Como es posible que alguien  que llevaba toda su vida subido en motos y coches, que recorría en cuarenta y ocho horas los mil y pico  Kilómetros de pésimas carreteras entre  Málaga y Barcelona, se pusiera en manos de un niño de nueve años?. Pues si , mi tío  Manolo para ir  desde el puerto de Sant Beltran (BCN centro ) a la Ciudad Meridiana ( BCN extrarradio ), veinticinco kilómetros  cruzando de punta a punta  la ciudad de Barcelona, dependía  de mis indicaciones.

Allí íbamos, la tía Eduarda, la abuela María y mi hermano Emilio, en el asiento trasero del coche. Al volante mi tío Manolo, en el asiento del copiloto se sentaba mi madre y yo de pie entre sus piernas, dándole órdenes a mi tío. Ahora a la derecha , luego a la izquierda, pasado el cruce todo recto. Durante la hora que duraba el trayecto, en aquel Seat 600 ocupado por cuatro personas adultas y dos niños, solo se escuchaban los Ave María de tía Eduarda, los refunfuños de mi tío Manolo y mis indicaciones en voz alta y clara.   ¡¡ Pobre de mí, si me equivocaba!!  Yo creo que desde entonces tengo tan desarrollado el sentido de la orientación, sino quería escuchar el resto de días los reproches de mi tío, no podía permitirme el lujo de fallar.  A la vuelta otra vez igual, pero en hora punta, más coches, más tranvías y yo allí, de pie y con las manos sobre el salpicadero. Como el capitán de barco que devuelve la nave al puerto de partida, dando las correspondientes coordenadas al piloto. Como único premio, por el trabajo bien hecho, al bajar del coche los dedos de su mano acariciaban con ternura mi cabeza.

No sabía el porque, desconocía totalmente el motivo, pero aquel niño hiperactivo y travieso que yo fui, era consciente que entre nosotros, existía un vinculo más fuerte que los lazos  consanguíneos que nos unía. Supongo que esa era la razón por la que yo me atrevía a cometer con él una de las mayores travesuras estivales.  Todavía recuerdo con absoluta claridad como mi hermano Emilio y yo, nos quedábamos extasiados viendo a mi tío Manolo como inhalaba el tabaco de rape. Era toda una liturgia que nos fascinaba: abría su petaca de cuero negro, separando sus dos partes . Dejaba la parte superior sobre la mesa camilla y con la parte inferior de la petaca entre los dedos de su mano derecha, con unos movimientos suaves iba dejando caer el tabaco en polvo, creando una alargada y fina hilera sobre la parte lateral de su dedo índice izquierdo. Con sumo cuidado levantaba la mano izquierda hasta su nariz e inhalaba el tabaco. Primero por la fosa nasal derecha y después por la izquierda.

Volvía a cerrar la petaca, encajando la parte superior, con la parte  inferior, devolviendo una vez cerrada la petaca a su bolsillo.  Excepto algunas veces  que por descuido o relajación la petaca quedaba sobre la mesa camilla.

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¡¡ Hay, en ese preciso momento!!,  era donde  yo empezaba a desarrollar una de mis más tremendas travesuras estivales. A poco que mi tío Manolo se descuidaba, y haciendo cómplice con su silencio a mi hermano Emilio,  yo cogía sigilosamente la petaca de cuero negro y la escondía debajo de  mi cama. En la caja vieja de cartón, donde guardaba todos mis tesoros. (cromos, canicas, el tirachinas y algunas monedas recogida del suelo de la habitación de mis padres).  La petaca permanecía allí escondida, hasta que después de una o dos horas de búsqueda en la que participaban casi todos los miembros de la casa, aparecía por arte de magia debajo de la mesa camilla de la habitación de costura.  Dos horas donde pacientemente la abuela María, mi madre y la tía Eduarda, habían buscado la petaca debajo de la mesa de la cocina, en los sillones orejeros del comedor,  o sobre la mesita  de noche de la habitación de invitados.  Dos horas donde reiteradamente, mi madre y la abuela María, nos habían preguntado a mi hermano y a mi   ¿ Niños habéis visto, la petaca del tío Manolo?, y con la misma reiteración habíamos negado, haberla visto. Dos horas de continuas quejas del tío Manolo, sentado en la silla de anea, renegando, maldiciendo. Acalorado por el calor estival y por el cabreo emocional,  haciéndose aire con el pañuelo y acusándonos de que seguro que estos niños la han escondido.

Día a día, pasaban los dos meses y mis tíos tenían que volver a  Málaga, día a día  habían consumido su tiempo en la ciudad condal.  Rindiendo pleitesía a la abuela María, disfrutando de las comidas de su hermana Emilia, gozando de la hospitalidad de su cuñado Pepe , sufriendo  el ensordecedor sonido del tocadiscos de mis hermanos adolescentes  y  sobre todo,  sospechando que Emilio y yo le escondíamos la petaca de cuero negro.

Como era un tipo duro, corpulento, malhumorado y gruñón, era de poco besos y menos abrazos en sus despedidas, pero el brillo de sus pequeños ojos azules como el mar, delataban que tras aquella dura estampa, había un ser lleno de ternura que durante los últimos dos meses de verano, unos niños traviesos, revoltosos y pillos, habían hecho aflorar  el recuerdo de su hijo Juanito, aquel que el cruel destino le arrebato.

 

Barcelona, Noviembre 2016

R.I.P. A LA CULTURA

 

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Que está pasando en este país?  Ayer  escuché por la radio de mi coche,  concretamente  en el programa “ LA VENTANA” , dirigido por  CARLES  FRANCINO, no podía ser de otra manera,. Que el actor Carlos Olalla y su madre Cristina Maristany, sobreviven pidiendo en el metro de Madrid. El un actor consagrado, ella actriz y escritora de 83 años. Es cierto que el actor renunció el pasado año a volver al teatro hasta que bajara el IVA cultural.  Que fue una decisión personal, valiente y visto lo visto quizás temeraria, pero ya es hora que este país, alguien tenga las narices de levantar la voz y exigir a nuestros políticos que se baje el IVA cultural.  Hoy desde este insignificante blog, yo quiero también levantar la voz, apoyar a Carlos y a Cristina y reclamar  de una vez por todas, que se baje  el IVA cultural.

Señores políticos ,  hoy que inicia la  doceava legislatura en democracia, es un buen momento para que las cosas cambien. Es cierto que en nuestro país existen grandes problemas por resolver. El paro, la corrupción, la pobreza energética, el cambio climático, pero me temo que todos estos problemas no tendrán solución, mientras seamos un pueblo inculto y falto de valores. ¿Que clase de país somos, que cada vez que cambia el color del gobierno, se cambian las leyes educativas?, en once legislaturas  demócratas, llevamos siete reformas educativas.

Sinceramente soy de los que creen, que educación y cultura van de la mano. Ya está bien del elevado tanto por ciento de fracaso escolar, de que año tras año nuestros universitarios  ocupen los últimos puestos de los ránking. Que en la lista de las doscientas mejores universidades del mundo, solo salgan tres españolas y la primera ocupa el puesto 166.

Desde este humilde blog de un jubilado,  al que le apasiona el arte en todas sus vertientes, reclamo mi derecho a leer libros más baratos, consumir más y mejor cine español, asistir asiduamente al teatro y poder colgar en la pared me mi casa un obra de arte.  Por que la cultura  en este país no debería ser un lujo, solo debía ser el “mana” que nos haga más cultos, más inteligentes, más humanos. La cultura debería ser el caldo de cultivo, donde nuestras próximas  generaciones repongan la conciencia para crear un mundo más digno, más justo, más culto.

Barcelona,  17 /11/2016

SALA ARIMANY

 

Adescarga-3llí donde termina la rambla y se puede observar un inmenso mar azul. Donde se puede contemplar el ruidoso vuelo de las gaviotas. Donde la brisa marinera acaricia las primeras fachadas de la ciudad. Allí a cincuenta metros del balcón del mediterráneo, bajando a mano izquierda, existe un lugar rebosante de calidad estética, de belleza, de texturas, de color. Un mundo creado por un grupo humano que dedica todo su trabajo y esfuerzo cotidiano en el intento de conseguir para sus clientes y visitantes el mayor placer y disfrute artístico.  Allí a cincuenta metros del balcón del mediterráneo, llevan treinta años, haciendo realidad las ilusiones y los sueños de muchos artistas. Allí a cincuenta metros del balcón del mediterráneo, en la GALERIA ARIMANY/ GRUP D´ART ESCOLÁ  vamos a celebra todos juntos, galerista, artistas, clientes y visitantes,  el próximo día  cuatro de noviembre de este año,  su treinta aniversario  de existencia. Treinta años  influyendo  en el día a día artístico y cultural de la ciudad de TARRAGONA.  Como artista colaborador del GRUP D’ART ESCOLÁ,  quiero desear desde este blog mi más sincera felicitación  a la GALERIA ARIMANY, por muchos años.

Barcelona, 02/11/2016